EL SUEÑO DE ALADA. Un sueño para todos...

Alada es un pueblo a unos 30 km de Cotonú. Cerca hay una aldea rodeada de maizales, palmerales y campos de piñas donde viven cientos de familias. Se dedican a la agricultura. Los mercados de Cotonú se abastecen de esta y otras zonas. La mayoría de los niños no van a la escuela. Viven bajo el umbral de la pobreza, con menos de 1$ al día. Hoy los hemos conocido gracias a Patrick. Es director en un colegio en Cotonú y voluntario en su tiempo libre. Junto con su esposa y unos amigos voluntarios, cada domingo les visitan y en una explanada en medio del paraíso tropical, les conceden un respiro en medio de su miseria en el que pueden jugar, aprender canciones y divertirse.  Hacen lo que pueden con sus medios. Les acompañamos y pasamos el día con ellos. Les hemos enseñado a jugar al pañuelo y al corro de la patata. Ellos nos han enseñado un juego de corro beninés. Hay que ver cuántas cosas tenemos en común. Pero para ellos el momento del juego es la novedad. Porque su día a día es el trabajo, la subsistencia... Llevamos una gran maleta llena de ropa para ellos pero es imposible entregarla. Son demasiadas las emociones. Una camiseta nueva es un preciado tesoro que puede causar problemas en vez de alegrías. Será mejor que Patrick la distribuya el próximo domingo junto con los responsables de la comunidad. Queremos que haya para todos, y sobre todo para los que más lo necesiten. Muchos de los niños duermen en la calle. Las familias no se pueden permitir la sanidad y saben que si enferman, es mejor no ir a un centro hospitalario, porque, sin dinero, te dejan morir. El sueño de Patrick es poder llegar a construir un hogar donde poder albergar a estos niños y niñas, ofrecerles una formación profesional que les garantice un futuro fuera de la pobreza y por otro lado intentar parar el boom demográfico a través de campañas de sensibilización entre la población. Todo eso es un sueño... de momento la realidad, jugar los domingos, y construír un pozo para que tengan agua de forma inmediata. Unas instalaciones donde poder reunirse y dar alguna clase, tampoco les vendría nada mal. Los sueños, a veces, se hacen realidad. Por qué no?